Todo Sobre Mi Mac

Sácale el mayor provecho a tu Mac

Mi Historia con Apple

Este mes Apple cumplió 40 años. Yo voy por 38, es decir, que cuando nací Apple apenas empezaba a dar sus primeros pasos. Yo tuve la fortuna de que mis papás entendieran la ventaja de tener un computador muy temprano y fui el primero en mi clase en tener un computador en la casa donde podía jugar un simulador de autos (Accolade’s Test Drive) sin tener que tomar turnos para jugar en la oficina de una secretaria en el colegio, donde los matones siempre tenían prioridad sobre los nerds.

El PC que teníamos en casa era un clon de IBM que corría DOS, no tenía disco duro interno, o sea que todos los programas se cargaban desde discos flexibles a la memoria interna y desde ahí se podían correr. Iniciar la máquina era un delicado ballet de cambios de discos y ejecución de comandos… c:/run auto.bat y cosas por el estilo. A mi me fascinó desde el primer momento. La pantalla era capaz de mostrar imágenes muy crudas en 4 tonos de amarillo. Recuerdo que en uno de esos discos de 5 pulgadas había una demostración de las capacidades del computador. En algún punto de la presentación se mostraban dos computadores aparentemente comunicándose entre sí. Esta imagen fue tan poderosa en mi que hasta hoy la recuerdo con claridad. Mi imaginación volaba pensando en las posibilidades de la era digital.

En las vacaciones de tercero de primaria, estando en la finca de mi abuelo con algunos de mis primos, recuerdo que estaba hablando con una prima que me contó que justo antes de venir para la finca, su papá había comprado un Apple Macintosh. Me contó que era un sistema de ventanas y que tenía un ratón! que se podía usar el ratón para manipular cosas en la pantalla y que incluso se usaba para manejar un simulador de vuelo. A mi no me cabía en la cabeza las cosas que mi prima me contaba, no entendía cómo era lo del ratón y me imaginaba que se requería un escritorio enorme para poder mover el aparato libremente. Unos meses después cuando fui a visitar a mi prima a su casa conocí el famoso Macintosh. Obviamente me mató. sin embargo no podíamos jugar con él y pasaron un par de años antes de que pudiera ponerle las manos encima a un Mac.

En quito de primaria elegí entrar a las clases de computación que ofrecía mi colegio, aprendí a maniobrar una pequeña tortuga que hacía dibujos en la pantalla al caminar. Se le daban instrucciones básicas como avanzar 20, rotar 90 grados, repetir 4 veces para hacer un cuadrado. Sin saberlo ya me estaba adentrando en la programación con este simple programa llamado Logo que corría en unos computadores Atari conectados a unos televisores. Por supuesto también habla juegos en esos Ataris, particularmente me acuerdo uno que se llamaba Montezuma. Pasé muchas de mis horas de recreo metido en la sala de computadores.

Al año siguiente volví a tomar la electiva de computación, pero al ya estar en secundaría, tenía acceso al laboratorio de computadores recién inaugurada, donde había unos 15 a 20 Macintosh, mi amor por la tecnología creció enormemente. En estos Macs hice animaciones cuadro a cuadro, obras de “arte”, hojas de cálculo con fórmulas, y hasta hice que el computador hablara. Eso último era particularmente gracioso, ya que el Mac no hablaba Español, entonces había que escribir cosas de cierta forma para que al tratar de leer en Inglés, pronunciara cosas que sonaran bien en Español. Amé esos Macs. El juego del momento era Dark Castle, que tenía un nivel de gráficos y detalles que yo nunca me imaginé que fuera posible. Esto fue en 1989 o 90.

Pasaron los años y no volví a tener contacto con los Macs. Mientras tanto en mi casa pasamos por varios clones de IBM y un Compaq Presario todo-en-uno, vulgar imitación del Mac que corría Windows 3.11 con algunos juegos más o menos divertidos que requerían cerrar la interfaz gráfica de Windows y volver a la consola de MS DOS que era lo que realmente corría. Era como quitarle el maquillaje a un payaso y descubrir la triste realidad de esa máquina. Lamentablemente los Macs eran terriblemente costosos por esa época y había la noción de que eran juguetes y que pronto Apple dejaría de existir.

Yo seguía con atención los pasos de Apple desde una distancia prudente, no quería entusiasmarme demasiado con algo que no podía tener. Para el año 1998, cuando salí del ejército y empecé la universidad, me hice amigo de un muchacho que tenía un Mac. Un Performa tremendo, rápido y elegante. Ahí hicimos muchos proyectos y tareas de programación. Más tarde ese año, con el retorno de Steve Jobs, Apple lanzó al mercado el nuevo iMac. Una bolita traslúcida de colores que parecían sabores. Por tercera vez me enamoré de un Mac. Quería uno y traté de mil formas convencer a mis papás de que NECESITABA uno, pero fue inútil. Ellos por alguna razón pensaban que era más importante pagar mi universidad que un comprarme un Mac.

Junio 2000, por cosas circunstancias de la vida me vi obligado a abandonar mi país y refugiarme en Estados Unidos. Varios meses después empecé a trabajar y pude continuar mis estudios en la universidad en Miami. Algunos de mis compañeros tenían Macs portátiles. Me acuerdo claramente de mi favorito, el PowerBook G4 de 17 pulgadas (conocido cariñosamente como la “bandeja del almuerzo” en éste país). A finales del verano del 2003, aprovechando una promoción de Regreso a Clase de Apple, visité una de las primeras tiendas que tuvieron en Miami y por fin compré mi primer Mac: Un Powerbook G4 de 12 pulgadas (desafortunadamente no me alcanzaba el dinero para más pulgadas). Fue mi primer Mac y tiene un lugar muy especial en mi disco duro, y aún lo conservo completamente desarmado en un cajón.

Desde entonces he sido un fiel usuario de Mac y otros productos de Apple. Tanto así que en el 2008 creé esta página para compartir mi entusiasmo por estas máquinas con los demás.
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